Presente inexistente

Ahora sí estás más lejos.

Fue lo que pensé al enterarme por mi propio mérito que ahora estás en New York, y quién sabe si solo por un momento, supongo que tú sí, y yo no.
Lo cual no importa mucho pues ya éramos lejanos, desde que nos conocimos.
Quizá también era algo que ya sabía, pero era un sentimiento que vivía agarrado a una esperanza que hoy parece difusa.
Hoy, no muy diferente a como te veía la mayor parte del tiempo en mi adolescencia, te vi a través de esta débil pantalla, y confirmé lo que muchas veces temí; no te conozco, no sé nada de ti, más que lo que un día conocí.
De lo que no estoy tan segura es por qué sigo escribiendo sobre ti.

¿Realmente es sobre ti o sobre mí?

Busco aún la razón para eliminarla, pero las razones sobrepasan las palabras.
Quizá está escribiendo sobre ti, aquella versión mía que un día te amó y que sigue tratando de despedirse porque nunca pudo hacerlo. 

Y ella ha llorado escribiendo estas líneas.

Porque no recuerda cuántas fueron las horas, los días  o años que esa niña de ojos tristes esperó por una respuesta de parte tuya, por un mensaje que nunca llegó, incluso diez años después.
Esa niña sigue guardada en mi corazón, aquella que sufrió, lloró y rogó a Dios por explicaciones; aquella niña que lloró porque no pudo nunca despedirse como quería (aún en aquellas terminales de transporte abominables).

Quizá nunca supo hacerlo. ¿Quién sí sabría despedirse?

Quizá quería aunque fuese eso, aunque me doliera hacerlo.

Me pregunto por qué este espacio de claridad llega justo una década más tarde, pero supongo así debía ser, no debo juzgar los azares del universo, así que solo me queda agradecerle por recordarme o mostrarme, de alguna forma que sigo aquí, que no estoy perdida, solo soy esa niña que está aguardando en un rincón a ser autocomprendida.

(De mi, para mi)

Comentarios